La virgen del cuello largo de il Parmigianino

On 5 agosto, 2013
Il Parmigianino

Parmigianino. 1540. Óleo sobre lienzo. 216 x 123. Galería Uffizi, Florencia
Foto: Wikimmedia

Este cuadro es uno de los más conocidos del pintor manierista italiano Girolamo Francesco Maria Mazzola, más conocido como il Parmigianino.

Se trata de una clásica escena de madonna con niño y ángeles pero concebida de una forma diferente respecto a la estética de las figuras, alejadas de los cánones y proporciones clásicos que reprodujeron los grandes maestros del Renacimiento en sus obras.

La imagen destaca por el tamaño de las figuras y las aparentes desproporciones de las figuras, que el pintor nos presenta estilizadas al máximo en figuras con formas casi imposibles como el retorcido cuello de la Virgen o el tamaño del propio niño Jesús, propocionalmente mucho mayor al de un recién nacido como solía representarse en este tipo de escenas.

A la izquierda de la imagen vemos a seis ángeles que se agrupan en torno a la virgen en actitud de adoración al niño Jesús. El rostro inacabado del ángel que se situaría bajo el brazo de la virgen es testigo de la temprana muerte del pintor, que dejó inacabada la obra.

Uno de los ángeles porta una jarrón en el que se refleja la vera cruz, anticipando la muerte de Cristo por todos los hombres y reforzando el mensaje de la divinidad y la sagrada concepción de Jesús.

En la parte inferior derecha vemos a San Jerónimo delante de una columnata. Habitualmente se asociaban la figura de San Jerónimo con la propagación y difusión del culto mariano, lo que explica su presencia en esta obra.

La fama de esta obra, que además da nombre al cuadro, es el cuello desproporcionado de la Virgen, a la que el autor pretendió dotar de una gracia y una elegancia especial estilizándole al máximo el cuello, como si de un cisne se tratara.

La composición también presenta soluciones novedosas que alejan a esta obra del clasicismo puro, como el apelotonamiento de los ángeles en un lado, a tiempo que deja el contrario prácticamente vacío y solitario con una única imagen -la de San Jerónimo- que parece situar en otra dimensión.

Estas soluciones son propias del estilo conocido como Manierismo, que supedita la estética a la naturaleza, que no dudarán en modificar a su gusto en aras de conseguir el resultado estético que buscan, aunque para ello deban estilizar e incluso deformar las figuras y las composiciones que poco a poco se irán alejando de los cánones clásicos.

Los dedos de la virgen, el pie que emerge de los ropajes en un gran escorzo y el propio tamaño del niño Jesús, que además parece que vaya a caerse del regazo de María son algunas de estos recursos manieristas en la obra.

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